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Escrito por Paco Gisbert
Martes, 02 de Marzo de 2010 18:19 |
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| Las expectativas de futuro de los padres de Diane Purdui Stewart se fueron al traste cuando su rebelde hija, que había destacado de adolescente como gimnasta y cantante de jazz, se mudó a Los Angeles, desde su Toronto natal, para probar fortuna en el mundo del cine. Comenzó haciendo "striptease" a los 15 años y su bonita figura e inocente rostro atrajeron la atención de Erica Boyer, quien la presentó al productor Jim South para que la contratara como actriz de películas X. Stewart fabricó una tarjeta de identidad falsa, en la que constaba que era mayor de edad, y comenzó a trabajar en el porno, cuando todavía no había cumplido los 17 años, con el nombre de Alexandria Quinn.

Pero esa adolescente con un aspecto similar a Traci Lords era una mujer caprichosa y, el 27 de marzo de 1991, el mismo día en que cumplía 18 años, decidió regalarse a sí misma un flamante deportivo. Compró el coche y enseñó su tarjeta de identidad real al vendedor para que este se cerciorara de que tenía la edad reglamentaria para hacer la transacción. Sin embargo, el aspecto juvenil de Quinn levantó sospechas en el empleado del concesionario, que llamó a la policía para evitarse problemas legales. La policía de Los Angeles comprobó que la tarjeta de identidad que había exhibido Quinn para realizar su adquisición era legal, pero contrastó los datos con los antecedentes de la chica y descubrió que la tarjeta de identidad que había usado Stewart para el seguro de desempleo mientras trabajaba en la industria del cine X era falsa. En una de esas curiosas contradicciones que tiene la vida, las fuerzas del orden supieron que había hecho porno ilegalmente cuando la ley la amparaba por ser mayor de edad. Exactamente igual que le había ocurrido, casi cinco años antes, a Traci Lords.
La historia se repitió y el FBI ordenó confiscar todas las películas porno en las que había intervenido Alexandria Quinn siendo menor de edad, entre ellas las dos mejores que protagonizaría en su larga carrera en el cine X: “Culitos amorosos” (“Buttman's ultimate workout”), de John Stagliano, y “Mujer pantera busca hombre felino” (“Curse of the Catwoman”), de John Leslie. Sin embargo, el escándalo no tuvo, ni mucho menos, la repercusión que había alcanzado años atrás el caso de Traci Lords, por la rápida actuación de la industria, que la apartó de los platós a causa de sus mentiras. Pese a la réplica de Quinn, que, en un programa de televisión, cargó contra productores y directores culpándolos de su adicción a la cocaína, la cosa no pasó a mayores. Al fin y al cabo, Alexandria Quinn no gozaba, ni mucho menos, de la popularidad que atesoró Lords en su tiempo.

Víctima de sus propios engaños, Alexandria estuvo apartada de la industria del porno durante cinco años, hasta que en 1996 se puso en contacto con diversas productoras para retomar su carrera como actriz. Fue perdonada y, con unos pechos aumentados tras su paso por el quirófano, participó en un buen número de películas mediocres que no consiguieron sacarla de los apuros económicos que padecía y que la llevaron, incluso, a ofrecer sus servicios sexuales en un diario de Houston en 1998.
A partir de 2000, comenzó una nueva carrera para Alexandria Quinn, al especializarse en papeles de mujer madura, pese a que sólo rondaba los 30 años de edad. Hasta 2006, cuando se retiró del porno a mucha distancia del modelo que había querido imitar en los comienzos de su carrera.
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Escrito por Paco Gisbert
Lunes, 15 de Febrero de 2010 20:45 |
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| Si Luce Caponegro hubiera seguido los pasos que le marcaba su cuna, hoy en día sería una respetable dama burguesa casada con algún potentado del Norte de Italia. Su padre, un alto ejecutivo de una empresa petrolífera, la educó para que se relacionara con los de su condición social, pero Luce nunca se sintió a gusto entre automóviles de lujo, fiestas privadas y amistades con apellidos compuestos e interminables. Nunca quiso ser una hija de papá, sino una rebelde.
Por eso, antes de cumplir 18 años se rebeló contra su destino y se marchó de casa a vivir la vida que ella quería, no la que le brindaba su linaje. Recorrió la India y Nepal, vivió en comunas e hizo de artista callejera con pinta de “perroflauta”. Pero esa transgresión al futuro que otros habían diseñado para ella no le pareció suficiente y, cuando se casó con Fabio Albonetti, descubrió la mejor manera de desligarse definitivamente del peso de su familia: trabajaría en el mundo del sexo.
Con el nombre de Selen, Caponegro debutó en el porno con 23 años, en un momento en el que cualquiera que deseara convertirse en una estrella del cine de “luci rosse” tenía que verse auspiciada por Diva Futura, la potente agencia creada por Riccardo Schicchi que puso en la órbita del firmamento erótico a Cicciolina o Moana Pozzi. Selen no necesitaba padrinos pues, de hecho, venía de una familia en la que cualquier deseo era satisfecho con el dinero de su padre, por lo que nunca recabó el apoyo de Diva Futura. Eso hizo que su carrera fuera bastante atípica, escasamente parecida a la de sus compañeras de profesión. En primer lugar porque Selen era una actriz vocacional, que practicaba el sexo en la pantalla por su afán exhibicionista y porque consideraba que su trabajo también tenía un componente artístico. En segundo, porque su incursión en el mundo del erotismo y la pornografía estaba revestida de un halo de intelectualidad: Selen, mientras se convertía poco a poco en la verdadera heredera de la Pozzi, editaba su propia revista, una especie de magazine en el que informaba sobre sus actividades y desvelaba sus fantasías a través de historietas de cómic escritas por ella misma.
Su trayectoria profesional fue fulgurante. Después de tres años en los que hizo porno amateur, debutó a lo grande en el circuito profesional, en una coproducción italo-norteamericana en la que compartía créditos con Rocco Siffredi, John Dough y Deidre Holland titulada “Escandalosa señora de provincia”. Fue a las órdenes de Mario Salieri donde Selen encontró el toque artístico que buscaba. Salieri la convirtió en su musa y, de esa colaboración, ha quedado para la historia un puñado de filmes con Selen como protagonista, entre ellos “Concetta Licata”, “Adolescencia perversa” o “CKP”. A la vez que triunfaba en el porno, Selen siguió los pasos de las grandes divas del X italiano y presentó diversos programas de televisión con su singular desparpajo.
El divorcio con Albonetti marcó el fin de su carrera en el porno. Selen se sentía con pocas fuerzas para seguir practicando el sexo delante de una cámara y probó suerte en el cine convencional. Pero, como a muchas de sus compañeras de profesión, el cine con mayúsculas no le dio más que pequeños papeles y pocas alegrías. Para sus incondicionales queda el duelo interpretativo que mantuvo con Asia Argento en “Scarlet Diva”, dirigida por la propia hija del rey de “giallo”, Darío Argento, y su presencia en Cannes como coprotagonista de “BB e il cormorano”, de Edoardo Gabriellini. Sus ambiciones cinematográficas duraron hasta 2006, cuando abandonó definitivamente los platós para convertirse en esteticista. Como tal trabaja actualmente en Ravenna, la ciudad que la ha convertido en su ciudadana más ilustre.
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Escrito por Paco Gisbert
Lunes, 01 de Febrero de 2010 20:39 |
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| A finales de la década de los sesenta, Sylvester Stallone vagaba por el circuito del off-Broadway neoyorquino en busca de un papel con el que saltar al cine. Era un tipo fornido, con aspecto de poco inteligente, que ni siquiera había terminado sus estudios universitarios en Miami, pese a que era una de las estrellas del equipo de fútbol americano de la institución académica, y que, de vuelta a su Nueva York natal, había decidido matricularse en arte dramático para probar como actor. Su situación económica era desesperada cuando alguien le ofreció participar en “The Party at Kitty and Stud's”, una película erótica de muy bajo presupuesto (apenas 5.000 dólares) destinada a los cines de repertorio que exhibían filmes semipornográficos, que aceptó protagonizarla. El filme, dirigido por Morton Lewis, no estaba destinado a pasar a la historia, o al menos eso creía Stallone, quien cobró 200 dólares por dos días de rodaje, y contaba la historia de una pareja de simpáticos jóvenes con una vida sexual alegre y desenfadada.

Cinco años más tarde, Stallone estaba más preocupado por vender uno de sus guiones que por las consecuencias que hubiera tenido “The Party at Kitty and Stud's”. Uno de esos guiones, la historia de un boxeador americano de origen italiano que llega a campeón del mundo gracias a su esfuerzo y superación personal, llamó la atención de la United Artists, que le compró los derechos a su autor con la idea de que la protagonizara Ryan O'Neal o Burt Reynolds. Stallone, sin embargo, insistió ante los responsables de la productora para que le dejaran probar en un casting y, tras las pruebas, convenció a todos de que él podría ser el actor principal de “Rocky”.
El éxito de “Rocky” rescató del olvido a “The Party at Kitty and Stud's”, puesto que los oportunistas distribuidores de la cinta la lanzaron al mercado de nuevo, bajo el título de “Italian Stallion” (un juego de palabras entre el apellido del protagonista y “stallion”, “semental”, en inglés) con la idea de mostrar el lado oculto de la nueva figura del cine de Hollywood. Incluso la actriz Gail Palmer, que había trabajado en la película como script, aparecía en el trailer de la nueva versión afirmando que “The Party at Kitty and Stud's” se había rodado con escenas de sexo explícito, a pesar de que, en la versión distribuida, los escarceos sexuales eran simulados. La revista AVN investigó la verdadera naturaleza de la película original y llegó a la conclusión de que, en ella, no había indicios de escenas pornográficas, aunque el hecho de que Sylvester Stallone apareciera en ella convirtió el fenómeno en una leyenda urbana.

La polémica resurgió cuando, en 2007, la distribuidora Cinema Epoch lanzó una reedición de la película en la que se incluían escenas de sexo explícito. En ellas, daba la impresión de que Stallone practicaba el sexo con Henrietta Holm, su compañera de reparto, pero la realidad era bien distinta: los planos pornográficos correspondían al filme “White fire”, protagonizado por Herschel Savage. La costumbre de insertar planos pornográficos en películas “soft” fue una práctica muy extendida entre los distribuidores norteamericanos de filmes de sexo simulado, que buscaba así unos ingresos adicionales para películas “soft” en la época en la que el “hardcore” se había impuesto en el mercado y “The Party at Kitty and Stud's” fue una de las cintas que sufrió tal transformación.

El protagonista de “Rocky” nunca fue como Rocco, pese a que su presencia física y la leyenda urbana inciten a pensar lo contrario, pero algún atisbo de arrepentimiento debió quedar en la mente de Sylvester Stallone sobre sus años en la frontera del porno: unos años después de estar instalado en la fama, mandó comprar todas las copias de “The Party at Kitty and Stud's” para destruirlas.
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| Actualizado ( Lunes, 01 de Febrero de 2010 20:59 ) |
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Escrito por Paco Gisbert
Lunes, 14 de Diciembre de 2009 18:24 |
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| En la mayoría de los países del mundo, el porno fue una consecuencia del cine “soft”, esas películas que mostraban sexo simulado pero en las que nunca se veían ni penes en erección, ni penetraciones, ni sexo oral. En Francia, el cine X nació como tal en 1974 y deriva de dos ramas: las películas de bajo presupuesto que incluían escenas eróticas y los filmes de erotismo sofisticado cuya máxima expresión la constituyó “Emmanuelle”, de Just Jaeckin. Al otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos, la frenética carrera que desembocó en el porno hizo confluir el cine de sexploitation, es decir, aquellas películas de contenido erótico que se rodaban con pocos dólares y mucha voluntad, y los “loops” pornográficos que se filmaban en Nueva York y San Francisco y que se exhibían en los antiguos teatros de burlesque, entonces reconvertidos en salas especializadas en cine X. En España, la evolución hacia el porno tuvo un componente alfabético, ya que derivó de la calificación “S”, un extraño híbrido aprobado por la legislación española en 1977 que anatemizaba las películas “cuyas imágenes podían herir la sensibilidad del espectador” y que se convirtió en un subgénero cinematográfico con vida propia. La muerte de la “S” dio lugar a la “X” y muchos de los directores que habían filmado películas eróticas que merecieron tal calificación se pasaron al porno, aunque sólo un par de actrices, Raquel Evans y Lina Romay, se atrevieron a dar ese salto mortal sin red.

En Italia, no. Italia es diferente hasta en sus orígenes pornográficos, algo, por otra parte, casi lógico en un país tan contradictorio que posee una ingente producción de películas X pese a que este tipo de cine no sea legal, sino solamente tolerado por las autoridades. Tras el éxito del estreno de “Garganta profunda” en tierras transalpinas, en 1977, cuando el filme dirigido por Damiano cinco años antes llegó a recaudar 130 millones de liras (el equivalente a unos 80.000 euros) en sus primeras 21 horas de exhibición, los distribuidores italianos comprendieron que, pese a la aparente influencia de la Iglesia católica sobre sus conciudadanos, sus compatriotas estaban dispuestos a pagar mucho dinero por ver en una pantalla de cine escenas de sexo explícito. Pero se encontraron con dos problemas: en Italia no había producción autóctona de porno y la legislación italiana prohibía la realización de ese tipo de filmes. Así que optaron por una fórmula que ya había sido puesta en práctica en otros países: la inclusión de escenas “hard” dentro de películas con sexo simulado.

Esta solución no habría pasado de ser una anécdota si no hubiera sido porque los italianos se convirtieron en verdaderos expertos a la hora de transformar un polvo simulado en uno real. No repararon en detalles e incluso proveían a estas miniproducciones que sólo constaban de una escena, de un presupuesto para atrezzo y vestuario, de manera que si, por ejemplo, en la escena de la película que se modificaba, una mujer que llevaba unos pendientes con forma de aro simulaba hacerle una felación a un tipo vestido con pantalones vaqueros, en la variante hard que filmaban vestían al tipo con unos vaqueros y a la mujer, con unos pendientes de aro. Con esa planificación, crearon una extensa “biblioteca hard”, que servía igual para un roto que para un descosido: clasificaban sus escenas por localizaciones, modalidad sexual o características físicas de los participantes y eso servía para que pudieran ser insertadas en una o más películas. Así comenzaron en el porno intérpretes como Mark Shanon, Laura Levi, Guya Lauri Filzi, Desiré Bec o Rick Martino, quienes, unos años después, serían las primeras estrellas del X italiano.
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| Actualizado ( Lunes, 14 de Diciembre de 2009 18:30 ) |
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Escrito por Paco Gisbert
Lunes, 30 de Noviembre de 2009 20:53 |
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| La historia de Nina Roberts es la de cualquier chica de los suburbios de una gran ciudad que encuentra un día en el porno la solución a todos sus problemas. Problemas que no eran menores: la anorexia, la bulimia, los malos tratos y la vida perra a la que aboca muchas veces un futuro sin esperanza.

Todo comenzó en enero de 2003. Nina tenía entonces 21 años, un hijo, un grave problema de anorexia y un montón de sueños rotos. Había nacido el 29 de abril de 1979 en Villecresnes, un suburbio de París, donde creció entre dificultades económicas y una familia rota cuando ella era niña. En aquel enero de 2003, Nina respondió a un anuncio que solicitaba modelos para participar en películas X. Desde su adolescencia había soñado con actuar en el porno.
Cuando le llegó la oportunidad, la aprovechó. Luchó contra el ámbito familiar, que la consideraba una puta por ejercer la profesión de actriz X, contra la industria, en su empeño por utilizar preservativos en todas las escenas que filmaba, y contra un destino que parecía abocarla a una vida de pobreza y penurias.

La bautizaron como Nina Roberts, porque su cara recordaba a la actriz norteamericana Julia Roberts, y, con ese nombre, Nina rodó películas con lo más granado del cine X francés. Con Fred Coppula, en “La mujer total”. Con Yannick Perrin, en “Con imaginación, en internet está la solución” y “Las compañeras más golfas”. Con el desaparecido Alain Payet, en “Chicas para no casarse”. Con Fabien Lafait, quien la dio la oportunidad de reencarnarse en Julia Roberts en la versión porno de “Novia a la fuga”, titulada para el X “New married (ou presque)”. Y formó parte del “quién es quién” del porno francés en “Fantasías imposibles en París”, la película que resumía 20 años de cine X en el país galo.
En su carrera como actriz de cine X, Nina pasó por todo lo que puede pasar una trabajadora normal. Enfermedades derivadas de su trabajo o su ambiente, relaciones con amigos y enemigos, problemas para compaginar su vida laboral con el cuidado de su hijo, disputas por estar en una empresa u otra. Y premios. En 2004 fue elegida starlette del año en Francia por delante de actrices mucho más hermosas y prometedoras.

Pero un buen día de octubre de 2004 lo dejó. Se dio cuenta de que su trabajo, lo que en los dos años y medio anteriores había considerado sólo un trabajo, no le satisfacía. Le producía más dolores de cabeza que alegrías. Abandonó porque se había enamorado y pretendía empezar una nueva vida. Un año más tarde escribió “J’assume”, su autobiografía. Un libro desgarrador, en el que contaba sus experiencias y su paso por el porno y por la vida. Un testimonio de sus vivencias en un mundo que parece distante a todo lo que es la realidad. En aquel libro contaba que se había enamorado y que dejaba el porno por amor. Pero aquel amor duró poco. Lo suficiente como para darse cuenta de que, sin el porno, no era nadie. Volvió al X con otra perspectiva, sólo dedicada a las escenas lésbicas, y reemprendió su carrera como escritora con un libro perturbador, “Grosse vache” (algo así como “Vacaburra”), una novela en forma de diario sobre la vida de una joven con problemas de bulimia, anorexia y adicción a las drogas. Poco después se casó con el cantante de heavy metal Rash Horresco y, esta vez sí, dejó el porno tras recoger el premio a la mejor actriz del año en el Festival de Barcelona por su trabajo en “Casino”, de Hervé Bodilis. Ahora es fotógrafa y lidera una banda llamada “Pravda”, que actúa regularmente en diversos lugares de Francia. Y nunca ha renegado de haber sido una actriz X.
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